Saltar al contenido principal

2 publicaciones etiquetados con "self-reflection"

Ver Todas las Etiquetas

· 9 min de lectura
Raul Jimenez Ortega

Si tienes hijos preadolescentes, seguro que ya te has preguntado cuándo hablar con ellos de ciertos temas delicados. En cada casa esos temas pueden ser distintos: los Reyes Magos, Papá Noel, el Ratoncito Pérez, cómo se hacen los hijos...

Familia teniendo una conversación incómoda durante la cena

¿Cuándo es el momento adecuado para hablar de estos temas? ¿Hasta cuándo tiene sentido mantener una mentirijilla piadosa para conservar la ilusión? ¿Y cuántos detalles conviene dar?

Y es que la respuesta no es trivial. En casa, de hecho, muchas veces también nos cuesta ponernos de acuerdo entre mi mujer y yo 😅.

Así que quería escribir este artículo, no para dar consejos a nadie, sino para compartir nuestra experiencia y una reflexión: no hablar de ciertas cosas a tiempo también podría suponer un riesgo, ¿no crees?

Nota: Por supuesto, el artículo también ha sido revisado por mi editora favorita, mi mujer 😜.

Nuestros hijos no viven en una burbuja

Creo que muchas veces nos cuesta hablar de ciertos temas porque, en cierto modo, significa reconocer que nuestros hijos se hacen mayores... ¡y es que, leche, qué rápido crecen! 😭

Pero una cosa es lo que a nosotros nos gustaría, y otra cosa es la realidad.

Por más que queramos, nuestros hijos no viven en una burbuja, al final:

  • pasan mucho tiempo con sus amigos
  • con otros niños mayores (en el cole, actividades extraescolares, hermanos, primos, etc.)
  • encuentran cosas en Internet (o alguno de los otros niños lo hace)
  • etc

Por eso es inevitable que antes o después escuchen o vean cosas. A veces les llegan sin buscarlas. Otras veces preguntan a otros o buscan respuestas por sí mismos.

Por otro lado, también es normal que terminen repitiendo cosas, muchas veces por imitación, y a veces sin entender realmente lo que significan.

En definitiva, muchas veces no sabemos exactamente qué saben o qué han entendido, y esto... nos puede llevar a malinterpretar cosas 😕.

En cualquier caso, hay una verdad como un templo que me dijo el tutor de mi hijo en una tutoría:

Independientemente de lo que hagamos o digamos los padres, cuando un niño "sabe algo", es cuestión de poco tiempo que el resto también "lo sepa".

Porque en cuanto vuelva a surgir ese tema, y un niño vea que otro niño sabe menos, puede sentir la tentación de sacar pecho y "dar una lección", no solo para demostrar que sabe más, sino que 'es más mayor'."

Los niños nos viven en una burbuja

Y nos guste o no, asumámoslo... es inevitable, ¿o es que no nos ha pasado también a nosotros? 😅

Riesgos de no hablar a tiempo

Nuestra preocupación, como imagino que les pasa a muchos padres, es que aplazar estas conversaciones, decir "verdades a medias" o dar respuestas incompletas porque creemos que aún son pequeños, también tiene riesgos.

Por ejemplo:

  • que sientan que no pueden hablar de ciertos temas con nosotros, y que poco a poco pierdan la confianza y terminen buscando respuestas en otros sitios
  • que reciban o interpreten información de manera errónea y se hagan ideas equivocadas

Perdida de la confianza

Hablar con otras familias

Pero hay algo que creo que cuesta todavía más: hablar con otros padres y madres de estos temas, porque a veces parecen "tabú".

No sé si os pasará también, pero a nosotros nos cuesta sacar este tema con el resto. A veces por:

  • miedo a incomodar
  • miedo a generar un conflicto
  • miedo a que, por el simple hecho de mencionarlo, alguien piense que ha pasado algo

Y no se trata de que todas las familias tengamos que pensar igual ni contar las cosas de la misma manera. Cada casa tiene sus tiempos, sus valores y su forma de explicarlo.

Pero sí creemos que ayuda poder hablar de estos temas con más naturalidad entre padres y madres, compartiendo qué conversaciones van apareciendo en nuestras casas y cómo las vamos abordando.

Hablando en confianza con otras familias

No para ponernos todos de acuerdo ni para imponer un criterio, sino para tener un poco más de contexto.

Si nuestros hijos escuchan algo de otros niños, podemos explicarles por qué en nuestra familia hemos tratado el tema de otra manera, sin que sientan que les hemos ocultado la verdad o que les tratamos de forma más infantil que sus padres a sus amigos.

Y si somos nosotros quienes hablamos de algo en casa, quizá también ayude a otras familias saber que esa conversación puede aparecer.

Es mejor que les llegue por nosotros, con calma y contexto, que por una versión incompleta contada entre niños. Porque ahí es fácil que aparezca el efecto teléfono roto: un niño cuenta algo a medias, otro lo interpreta como puede, llega a casa una versión confusa, y los padres acabamos preocupándonos o malinterpretando lo que ha pasado.

Hablarlo entre adultos debería servir para allanar el terreno y estar un poco más preparados si la conversación aparece.

Y muchas veces nos preguntamos: ¿habrá más padres en esta misma situación, queriendo hablarlo pero sin atreverse a dar el primer paso?

Cómo lo afrontamos nosotros

No digo que sea la forma correcta, pero sí la mejor manera que se nos ha ocurrido en casa.

Todos estamos aprendiendo

Desde pequeños les repetimos que:

  • A los mayores no nos enseñan a ser padres. Y que, aunque lo hacemos lo mejor que sabemos y podemos, también cometemos errores.
  • Y que ellos son lo más importante de nuestras vidas, y casi todo lo que hacemos lo hacemos pensando en ayudarles a crecer como buenas personas y a ser más felices.

Un ejemplo es los libros que les leemos, con el objetivo de darles herramientas para entenderse mejor y entender mejor el mundo. Algunos son libros más emocionales, como 'De mayor quiero ser feliz' o 'El emocionario'; otras veces, libros sobre el cuerpo, como "Tu cuerpo es tuyo", de educación financiera, u otros temas. También procuramos que entiendan que detrás de esos libros hay "lecciones de vida" importantes.

Del mismo modo, cuando nosotros leemos libros sobre crianza, como 'El cerebro del niño' o 'Disciplina sin lágrimas', también se lo contamos. Queremos que vean que nosotros seguimos aprendiendo a ser padres y que, si alguna vez creen que nos equivocamos, nos lo digan, porque es muy posible que tengan razón.

Padres e hijos aprendiendo a la vez

No depende de uno solo

Yo, por ejemplo, he tenido que explicarle a mi hijo mayor alguna vez que, aunque yo quizá le hubiese contado algunas cosas antes, no siempre es tan sencillo.

Quiero que entienda que también tengo que ponerme de acuerdo con su madre y, aun haciéndolo, puede haber otras personas de la familia, como los abuelos, que no compartan nuestra opinión, y tratamos de buscar un equilibrio.

Mentiras piadosas

En casa, desde pequeños, hemos explicado el concepto de 'mentirijilla piadosa', como esas mentiras inofensivas o bienintencionadas que a veces se dicen pensando en el bien del otro, por ejemplo para hacerles sentir bien, "protegerles" o no herir sus sentimientos.

Y al mayor ya le hemos explicado alguna.

Temas más complicados

Para temas más complicados, que deben introducirse poco a poco, como "cómo se hacen los niños", hacemos dos cosas.

1) Intentar que tome conciencia de cómo cambian sus gustos

Por ejemplo, a veces aprovechamos comentarios que le hace a su hermano pequeño, como cuando dice que un juego que le propone su hermano "es para niños chicos", para recordarle que, aunque ahora le gusten otros juegos, hace no tanto a él también le gustaban ese tipo de juegos.

Del mismo modo, hubo una época en la que le incomodaba ver en la TV a dos adultos besándose en la boca. Aprovechamos ese momento para explicarle que era normal, que a veces hay cosas que a ciertas edades nos incomodan y que luego eso puede cambiar.

Contenidos no apropiados

2) Intentar que tome conciencia de cómo cambia su nivel de madurez

Le hacemos ver que hay cosas que solo se entienden cuando se es más mayor y, para ello, intentamos buscar ejemplos de situaciones que ya haya vivido.

Por ejemplo, le hicimos ver el impacto que podía tener en el comportamiento, el vocabulario, etc., que su hermano pequeño viese contenidos o jugase a juegos que le gustaban a él, pero que no eran adecuados para la edad de su hermano.

Y también le hicimos ver que, aunque intentemos explicarle a su hermano pequeño por qué no debe ver o jugar a eso, todavía no es capaz de entender por qué no es bueno para él.

Contenidos no apropiados

Y esa misma regla se aplica para los dos, en cuanto a contenidos, juegos, etc que en casa no consideramos adecuados para ciertas edades: no porque sean malos de por sí, sino porque aún no han alcanzado el nivel de madurez necesario para entenderlos bien.

Lo más importante para nosotros

Por encima de todo, lo que siempre intentamos transmitirles es que confíen en que hacemos lo que creemos que es mejor para ellos, y que queremos que se sientan con la confianza de hablar con nosotros de cualquier tema. Incluso si notan que lo estamos evitando, preferimos que insistan y nos pregunten por qué.

Intentamos que sientan que en casa hay un espacio seguro para hablar, sincerarse y hacer preguntas, y que cuando lo hacen se lo reconocemos y lo valoramos.

¿Hablamos?

Aunque esperamos que todo esto ayude a mantener la confianza con nuestros hijos, seguimos sintiendo que nos falta una pieza importante del puzle: poder hablar de estas cosas con otros padres y madres.

¿Hablamos?

· 5 min de lectura
Raul Jimenez Ortega

Durante gran parte de mi vida he evitado opinar en público sobre temas polémicos. No porque no tenga opiniones (que las tengo, a veces contradictorias, políticamente incorrectas o en evolución), sino por miedo a ser malinterpretado, prejuzgado, a caer mal, a decepcionar o dejar de “gustar”.

Lo que me pasa

Siempre he sentido incomodidad con el conflicto, ni discutir por quién tiene razón. Creo que he intentado llevarme bien con todo el mundo, y tiendo a evitar los enfrentamientos.

Quizás por eso muchas veces me he callado en momentos en los que compartir mis ideas podría haber sido enriquecedor (aunque incómodo).

Reflexionando sobre esto, me vino a la mente una frase que me dijo mi padre cuando era niño:

Raúl, hay que tener amigos hasta en el infierno 👹🔥”.

Algo que creo que es un buen consejo, pero que tal vez me lo tomé demasiado en serio. O simplemente malinterpreté su significado 🤷.

Lo que me ha hecho pensar

Hace poco tuve una conversación con Francesc Puigvert que me hizo darme cuenta del hecho de que nunca he experimentado esa "rivalidad sana" que muchos viven con el fútbol (ya que yo no soy futbolero 😅). No estoy acostumbrado a posicionarme en un bando. No me va la confrontación.

Pensando en todo esto, llegué a la conclusión de que silenciar mis opiniones no solo es una falta de respeto hacia mis propias ideas (que son tan válidas y merecen tanto respeto como las de cualquier otra persona), sino que también tiene un punto de cobardía. Y, sobre todo, no es el ejemplo que quiero darles a mis hijos.

Una opinión polémica

Esta vez voy a ser más valiente y voy a expresar una de mis opiniones polémicas (desde el respeto):

Yo creo y defiendo la igualdad entre hombres y mujeres, y que el feminismo ha sido y sigue siendo necesario. Pero también pienso que una parte del feminismo actual se ha desviado de su objetivo de igualdad.

Esto me cuesta decirlo en público porque creo que es de esas opiniones "políticamente incorrectas" que desgraciadamente se malinterpretará por algunas personas como machismo.

Y cuando he compartido esto con personas cercanas, la respuesta suele ser la misma:

Raúl, no eres una cerveza 🍺. No puedes gustarle a todo el mundo.” 😂

Qué he aprendido

Soy como soy, por mis vivencias, como todos. Pero he aprendido que es importante que exprese mis ideas y opiniones (con respeto).

Por suerte no me considero una persona con dogmas fijos. Lo que pienso hoy podría matizarlo mañana. Me gusta escuchar buenos argumentos. Me gusta aprender de quien ve las cosas de manera distinta. Y cuando comparto una opinión, no lo hago porque crea que tenga la verdad absoluta, sino porque me gusta que me conozcan mejor, y para poder entendernos mejor.

Lo que quiero enseñar a mis hijos

Escribo esto también porque quiero educar a mis hijos mediante el ejemplo, y que aprendan lo mismo que les digo con palabras:

  • Tienen que ser asertivos, y no tener miedo a expresar lo que piensan, sienten o necesitan, de manera directa y respetuosa, sin atacar, ni permitir que les falten al respeto.

  • Tienen que escuchar, respetar y tolerar a las personas que piensan distinto, aunque no estén de acuerdo.

  • Cambiar de opinión no es un signo de debilidad, sino de madurez e inteligencia.

  • Se puede tener una gran amistad con una persona que ve el mundo desde otra perspectiva.

Y esto último lo digo porque lo vivo (y seguro que tú también 😉).

Muchas de las personas más cercanas a mi tienen ideas y opiniones opuestas a las mías (sobre política, religión, etc), pero eso no nos impide querernos.

Y es que, un amigo/a es alguien que te conoce de verdad, te quiere como eres (con tus cosas buenas y también con tus rarezas), y aunque no siempre piense igual que tú, te respeta, se preocupa por ti, y está ahí cuando se le necesita.

Lo que me propongo

Por todo esto, me he propuesto abrirme más en público. Para que la gente pueda conocerme mejor. Y si hay suerte, esto me ayudará a construir más y mejores relaciones de amistad.

Y sí, algunas de mis ideas pueden sonar raras, ingenuas, políticamente incorrectas o incómodas. Pero lo único que quiero es poder hablar de ellas (desde el respeto), para que se me conozca mejor y no porque quiera convencer a nadie.

Nota mental 🧠: y si alguien no es capaz de tenerme aprecio porque pensemos distinto... supongo que no merece la pena que perdamos el tiempo, ¿no? 🤷.

Si queremos una sociedad mejor, necesitamos mostrarnos como somos, escuchar más, juzgar menos, y tolerar más. Si solo nos rodeamos de quienes piensan como nosotros, vamos hacia una sociedad más polarizada y enfrentada. Y eso no le conviene a nadie.

Para terminar

Sigo reflexionando sobre mis ideas y opiniones, y espero escribir pronto para compartirlas aquí.

Y si alguna vez digo o hago algo que no compartes o no entiendes, te invito a que me lo digas desde el cariño. De verdad. Y lo hablamos con una cerveza si hace falta... o con un refresco, que ya me ha quedado claro que la 🍺 no le gusta a todo el mundo 😜.


Y tú, ¿hay alguna opinión que te hayas callado por miedo a no encajar? ¿Cómo lo llevas? Espero no ser el único 😅.