Si tienes hijos preadolescentes, seguro que ya te has preguntado cuándo hablar con ellos de ciertos temas delicados. En cada casa esos temas pueden ser distintos: los Reyes Magos, Papá Noel, el Ratoncito Pérez, cómo se hacen los hijos...
¿Cuándo es el momento adecuado para hablar de estos temas? ¿Hasta cuándo tiene sentido mantener una mentirijilla piadosa para conservar la ilusión? ¿Y cuántos detalles conviene dar?
Y es que la respuesta no es trivial. En casa, de hecho, muchas veces también nos cuesta ponernos de acuerdo entre mi mujer y yo 😅.
Así que quería escribir este artículo, no para dar consejos a nadie, sino para compartir nuestra experiencia y una reflexión: no hablar de ciertas cosas a tiempo también podría suponer un riesgo, ¿no crees?
Nota: Por supuesto, el artículo también ha sido revisado por mi editora favorita, mi mujer 😜.
Creo que muchas veces nos cuesta hablar de ciertos temas porque, en cierto modo, significa reconocer que nuestros hijos se hacen mayores... ¡y es que, leche, qué rápido crecen! 😭
Pero una cosa es lo que a nosotros nos gustaría, y otra cosa es la realidad.
Por más que queramos, nuestros hijos no viven en una burbuja, al final:
pasan mucho tiempo con sus amigos
con otros niños mayores (en el cole, actividades extraescolares, hermanos, primos, etc.)
encuentran cosas en Internet (o alguno de los otros niños lo hace)
etc
Por eso es inevitable que antes o después escuchen o vean cosas. A veces les llegan sin buscarlas. Otras veces preguntan a otros o buscan respuestas por sí mismos.
Por otro lado, también es normal que terminen repitiendo cosas, muchas veces por imitación, y a veces sin entender realmente lo que significan.
En definitiva, muchas veces no sabemos exactamente qué saben o qué han entendido, y esto... nos puede llevar a malinterpretar cosas 😕.
En cualquier caso, hay una verdad como un templo que me dijo el tutor de mi hijo en una tutoría:
Independientemente de lo que hagamos o digamos los padres,cuando un niño "sabe algo", es cuestión de poco tiempo que el resto también "lo sepa".
Porque en cuanto vuelva a surgir ese tema, y un niño vea que otro niño sabe menos, puede sentir la tentación de sacar pecho y "dar una lección", no solo para demostrar que sabe más, sino que 'es más mayor'."
Y nos guste o no, asumámoslo... es inevitable, ¿o es que no nos ha pasado también a nosotros? 😅
Nuestra preocupación, como imagino que les pasa a muchos padres, es que aplazar estas conversaciones, decir "verdades a medias" o dar respuestas incompletas porque creemos que aún son pequeños, también tiene riesgos.
Por ejemplo:
que sientan que no pueden hablar de ciertos temas con nosotros, y que poco a poco pierdan la confianza y terminen buscando respuestas en otros sitios
que reciban o interpreten información de manera errónea y se hagan ideas equivocadas
Pero hay algo que creo que cuesta todavía más: hablar con otros padres y madres de estos temas, porque a veces parecen "tabú".
No sé si os pasará también, pero a nosotros nos cuesta sacar este tema con el resto. A veces por:
miedo a incomodar
miedo a generar un conflicto
miedo a que, por el simple hecho de mencionarlo, alguien piense que ha pasado algo
Y no se trata de que todas las familias tengamos que pensar igual ni contar las cosas de la misma manera. Cada casa tiene sus tiempos, sus valores y su forma de explicarlo.
Pero sí creemos que ayuda poder hablar de estos temas con más naturalidad entre padres y madres, compartiendo qué conversaciones van apareciendo en nuestras casas y cómo las vamos abordando.
No para ponernos todos de acuerdo ni para imponer un criterio, sino para tener un poco más de contexto.
Si nuestros hijos escuchan algo de otros niños, podemos explicarles por qué en nuestra familia hemos tratado el tema de otra manera, sin que sientan que les hemos ocultado la verdad o que les tratamos de forma más infantil que sus padres a sus amigos.
Y si somos nosotros quienes hablamos de algo en casa, quizá también ayude a otras familias saber que esa conversación puede aparecer.
Es mejor que les llegue por nosotros, con calma y contexto, que por una versión incompleta contada entre niños. Porque ahí es fácil que aparezca el efecto teléfono roto: un niño cuenta algo a medias, otro lo interpreta como puede, llega a casa una versión confusa, y los padres acabamos preocupándonos o malinterpretando lo que ha pasado.
Hablarlo entre adultos debería servir para allanar el terreno y estar un poco más preparados si la conversación aparece.
Y muchas veces nos preguntamos: ¿habrá más padres en esta misma situación, queriendo hablarlo pero sin atreverse a dar el primer paso?
A los mayores no nos enseñan a ser padres. Y que, aunque lo hacemos lo mejor que sabemos y podemos, también cometemos errores.
Y que ellos son lo más importante de nuestras vidas, y casi todo lo que hacemos lo hacemos pensando en ayudarles a crecer como buenas personas y a ser más felices.
Un ejemplo es los libros que les leemos, con el objetivo de darles herramientas para entenderse mejor y entender mejor el mundo. Algunos son libros más emocionales, como 'De mayor quiero ser feliz' o 'El emocionario'; otras veces, libros sobre el cuerpo, como "Tu cuerpo es tuyo", de educación financiera, u otros temas. También procuramos que entiendan que detrás de esos libros hay "lecciones de vida" importantes.
Del mismo modo, cuando nosotros leemos libros sobre crianza, como 'El cerebro del niño' o 'Disciplina sin lágrimas', también se lo contamos. Queremos que vean que nosotros seguimos aprendiendo a ser padres y que, si alguna vez creen que nos equivocamos, nos lo digan, porque es muy posible que tengan razón.
Yo, por ejemplo, he tenido que explicarle a mi hijo mayor alguna vez que, aunque yo quizá le hubiese contado algunas cosas antes, no siempre es tan sencillo.
Quiero que entienda que también tengo que ponerme de acuerdo con su madre y, aun haciéndolo, puede haber otras personas de la familia, como los abuelos, que no compartan nuestra opinión, y tratamos de buscar un equilibrio.
En casa, desde pequeños, hemos explicado el concepto de 'mentirijilla piadosa', como esas mentiras inofensivas o bienintencionadas que a veces se dicen pensando en el bien del otro, por ejemplo para hacerles sentir bien, "protegerles" o no herir sus sentimientos.
Para temas más complicados, que deben introducirse poco a poco, como "cómo se hacen los niños", hacemos dos cosas.
1) Intentar que tome conciencia de cómo cambian sus gustos
Por ejemplo, a veces aprovechamos comentarios que le hace a su hermano pequeño, como cuando dice que un juego que le propone su hermano "es para niños chicos", para recordarle que, aunque ahora le gusten otros juegos, hace no tanto a él también le gustaban ese tipo de juegos.
Del mismo modo, hubo una época en la que le incomodaba ver en la TV a dos adultos besándose en la boca. Aprovechamos ese momento para explicarle que era normal, que a veces hay cosas que a ciertas edades nos incomodan y que luego eso puede cambiar.
2) Intentar que tome conciencia de cómo cambia su nivel de madurez
Le hacemos ver que hay cosas que solo se entienden cuando se es más mayor y, para ello, intentamos buscar ejemplos de situaciones que ya haya vivido.
Por ejemplo, le hicimos ver el impacto que podía tener en el comportamiento, el vocabulario, etc., que su hermano pequeño viese contenidos o jugase a juegos que le gustaban a él, pero que no eran adecuados para la edad de su hermano.
Y también le hicimos ver que, aunque intentemos explicarle a su hermano pequeño por qué no debe ver o jugar a eso, todavía no es capaz de entender por qué no es bueno para él.
Y esa misma regla se aplica para los dos, en cuanto a contenidos, juegos, etc que en casa no consideramos adecuados para ciertas edades: no porque sean malos de por sí, sino porque aún no han alcanzado el nivel de madurez necesario para entenderlos bien.
Por encima de todo, lo que siempre intentamos transmitirles es que confíen en que hacemos lo que creemos que es mejor para ellos, y que queremos que se sientan con la confianza de hablar con nosotros de cualquier tema. Incluso si notan que lo estamos evitando, preferimos que insistan y nos pregunten por qué.
Intentamos que sientan que en casa hay un espacio seguro para hablar, sincerarse y hacer preguntas, y que cuando lo hacen se lo reconocemos y lo valoramos.
Aunque esperamos que todo esto ayude a mantener la confianza con nuestros hijos, seguimos sintiendo que nos falta una pieza importante del puzle: poder hablar de estas cosas con otros padres y madres.
En este artículo hablo de "padres" e "hijos" como forma general de referirme a madres, padres, hijas e hijos. Sé que el lenguaje inclusivo es importante, pero esta vez hablo desde nuestra experiencia personal (con nuestros dos hijos), y tanto mi mujer, María, como yo, nos sentimos cómodos con el término "padres" para describirnos como familia.
Dicho esto, todo lo que comparto aquí está pensado para cualquier persona que críe, eduque o acompañe a un niño o niña, sin importar su rol, identidad o situación.
Espero que el uso del lenguaje no suponga una barrera para nadie.
Hoy voy a hablar de los retos a los que nos enfrentamos como padres, y a explicar cómo uso la IA (mayormente ChatGPT) para intentar ser mejor padre.
Este es un tema con "mucha chicha" , y un ejercicio que quería abordar en profundidad, por eso el contenido total son 21 minutos, pero si quitas los anexos y las partes que he ocultado... será menos 😜.
A día de hoy no sólo me apoyo en ChatGPT, si no también lo hago en libros, en mi mujer, nuestras familias y otras personas de nuestro círculo cercano, profesoras y profesores, etc.
Comparto esto contigo tras hacer un ejercicio de retrospectiva y repasar todas mis conversaciones con ChatGPT sobre este tema, con la esperanza de que mi experiencia1 pueda servirte de ayuda.
(1) Empecé a usar ChatGPT para lidiar con asuntos relacionados con la crianza el mismo mes que me creé la cuenta (en febrero de 2023).
Prácticamente todos los días nos surgen dudas como padres, por ejemplo:
Sobre nuestro propio comportamiento.
Sobre límites que establecemos.
Sobre cuánta autonomía o responsabilidad darles.
Sobre comportamientos que nos cuesta entender.
Sobre sus motivaciones.
Sobre cómo estarán experimentando/viviendo ellos las cosas.
etc.
Aquí recojo algunas de las preguntas que me suelen rondar la cabeza
Seguramente te suenen:
Sobre cómo actuamos:
¿Lo estaré haciendo bien? ¿Cómo lo puedo hacer mejor?
¿Estoy dando un buen ejemplo?
¿Trabajo demasiado? ¿Paso suficiente tiempo con ellos?
¿He reaccionado mal? ¿Cómo debería hacerlo?
¿Tengo poca paciencia?
¿Soy muy permisivo? ¿O demasiado estricto?
¿Debería intervenir más? ¿O menos?
¿Debo influir en esto? ¿O dejarle elegir?
¿Le estaré sobreprotegiendo?
¿Qué estoy haciendo mal? ¿Será culpa mía?
¿Cómo evito que le pase esto que me pasó a mí? ¿Debo dejarle que se equivoque?
Sobre límites y autonomía:
¿Debería dejarle hacer esto?
¿Debería dejarle menos? ¿O más?
¿Le dejo o no le dejo hacer/ver/... esto?
¿Hasta qué punto debo supervisar? ¿Y fiarme?
Sobre lo que les pasa:
¿Por qué hace esto? ¿O le pasa esto otro?
¿Hace esto a conciencia? ¿O es sin querer?
¿Por qué se comporta distinto en casa que en el cole?
¿Cómo le hago entender lo que ha pasado?
Sobre comunicación y valores:
¿Cómo puedo hablar de esto sin empeorar la situación?
¿Cómo le explico esto para que lo entienda?
¿Cómo inculco ciertos valores?
¿Cómo consigo esto sin forzarlo, amenazarlo, presionarlo o generarle cargo de conciencia?
Sobre desarrollo:
¿Es muy pronto para explicarle esto otro?
¿Cómo le ayudo cuando se atasca con este asunto? ¿Le dejo que lo haga solo?
¿Cómo introduzco esta nueva rutina o hábito?
¿Cómo puedo manejar sus frustraciones?
Sobre motivaciones:
¿Debería insistirle a explorar esto? ¿O en realidad estoy proyectando mis propios deseos?
¿Es mejor observar atentamente y simplemente facilitar el camino si muestra interés?
A la hora de tomar decisiones, a veces seguimos consejos que nos dan (los pidamos o no), otras veces nos guiamos por cómo nos educaron a nosotros, y en ocasiones, decidimos hacerlo distinto, porque los tiempos han cambiado o porque creemos que es lo mejor.
Pero, hagamos lo que hagamos, es difícil evitar ese sentimiento de culpa cuando sentimos que nos hemos equivocado.
Yo les digo y repito a mis hijos desde pequeños, que no solo ellos, nosotros también nos equivocamos, y que es importante que cada uno asumamos nuestra parte de "la culpa".
Esto, además de ser una responsabilidad, puede ser la mejor motivación posible para obligarnos a sacar lo mejor de nosotros mismos.
Y aunque seguiremos cometiendo errores, como cualquier ser humano, no pasa nada, porque equivocarse forma parte del camino. Lo importante es que también hacemos cosas bien (por ejemplo, leer este artículo para aprender de otros y hacernos reflexionar 😜).
Antes de hablar de cómo me he apoyado en ChatGPT para estos temas, voy a hacer un inciso para hablar de un tema que considero es muy importante tener en mente cuando usamos herramientas como ChatGPT en la crianza: la privacidad de nuestros hijos.
Aunque usemos herramientas como ChatGPT de forma privada y personal, también hay riesgos que es fácil pasar por alto. Por ejemplo, podríamos estar realizando una forma de "sharenting digital privado".
Piensa que:
Todo lo que compartimos con ChatGPT queda guardado en sus servidores.
Pueden ocurrir situaciones que impidan que puedas borrar conversaciones1.
Cualquier día pueden robarte la cuenta, o puede haber una fuga (hackeo) de sus servidores.
ℹ️ Info (1): Sobre la demanda del New York Times a OpenAI
Recientemente el New York Times demandó a OpenAI, y un juez ha prohibido por tiempo ilimitado que OpenAI borre ninguna conversación, algo que va en contra de las leyes europeas.
Y dudo que quieras que este tipo de información llegara a malas manos o quedase expuesta en internet.
Así que, mi conclusión es: que está bien usarlo. Pero hay que hacerlo con cuidado, evitando compartir temas sensibles o que puedan asociarse directamente con los hijos; y siempre que el beneficio supere al riesgo.
Dicho esto, yo ya he hablado con mi mujer y mi hijo mayor sobre este tema, y hemos acordado que les pediré consentimiento cuando quiera tratar estos temas con ChatGPT (o cualquier otra herramienta), y sólo lo plantearé cuando considere que el potencial beneficio es mayor que el riesgo.
Nota: también les he pedido consentimiento para publicar este artículo.
Si te interesa este tema, he añadido a los anexos algunas cosas más.
Para lidiar con muchos temas de los que mencionaba en "Educar es difícil":
Para explorar temas y recursos educativos.
Para reflexionar sobre mi forma de educar.
Para entender mejor ciertas conductas o situaciones.
Para adaptar contenidos a su edad.
Para buscar ideas, estrategias y herramientas.
Para fomentar actitudes y competencias.
Para explorar temas en familia de forma accesible y divertida.
Aquí te dejo ejemplos concretos por si quieres verlos
Para explorar temas y recursos educativos:
Metodologías educativas (Taxonomía de Bloom, ABP, ApS...).
Tipos de apego (seguro, ansioso, evitativo...).
Repasar habilidades que hay que reforzar en casa según la etapa del desarrollo (habilidades domésticas, gestión del tiempo, educación financiera, pensamiento crítico, resolución de problemas, cultura abierta...).
Cómo hablar sobre el cuerpo, las emociones y las relaciones (qué explicar y cómo, según la edad).
Para reflexionar sobre mi forma de educar:
Si soy demasiado estricto en algunos temas.
Si mis reacciones son desproporcionadas.
Para entender mejor ciertas conductas o situaciones:
Por qué le cuesta tanto levantarse por las mañanas.
Por qué a veces no escuchan cuando les hablo (por ejemplo, si están viendo la tele).
Por qué a veces no hacen caso.
Por qué dicen mentirijillas tan obvias desde muy pequeños.
Por qué surgen ciertos miedos (ej.: a que entren en casa, a verse en un espejo de madrugada...).
Por qué aparece la timidez, y cómo trabajarla.
Para adaptar contenidos a su edad:
Dar explicaciones alternativas a preguntas complejas que no sé explicar bien (ej.: el valor del dinero: cada moneda $ vs € vs £...).
Ayudarme a explicar otros conceptos: términos (ej.: metáfora), diferencias (ej.: egoísta vs avaricioso), enfermedades (ej.: epilepsia).
Explicar temas completamente desconocidos (electricidad, electrónica, finanzas...).
Los beneficios que me aporta los podría resumir principalmente en:
Me ayuda a resolver dudas de los niños en términos que a veces no me salen espontáneamente1.
Me ayuda a reflexionar. Es como si hablara (en confianza) con un desconocido sobre el tema.
Me resulta muy útil cuando quiero hacer una "lluvia de ideas".
Me ofrece información que puedo contrastar con algún(a) profesional (profe, psicólogo(a)...).
Me aporta vocabulario nuevo que luego me sirve para investigar por mi cuenta.
Me da contexto sobre algunos temas.
(1) A mis hijos siempre les digo que: (1) de las respuestas de ChatGPT hay que desconfiar, (2) que hay que preguntarle sobre temas de los que uno sepa, y (3) que aún no es una herramienta para que ellos usen solos. Pero yo sí la uso delante de ellos, leo las respuestas en voz alta y, cuando es necesario, las matizo, para que se vayan familiarizando también con los sesgos y riesgos que implica usarla hoy en día.
Aunque los detalles los iré publicando en futuros recursos, quería comentar que yo empecé usando la cuenta gratuita durante el primer año, y desde mayo de 2024 empecé a pagar la suscripción ChatGPT Plus (~22 €/mes), entre otras muchas cosas, porque me permitía crear custom GPTs.
Esta funcionalidad me vino muy bien para personalizar las respuestas de ChatGPT ofreciéndole como contexto previo a mis consultas información sobre los valores y actitudes que queremos inculcar en nuestros hijos. También añadí otras referencias sobre la metodología de educación y crianza que queremos seguir en casa. Lo que hace que las respuestas estén más alineadas con lo que buscamos.
También quería decir que, aunque ChatGPT es la principal herramienta que uso, también me apoyo en Perplexity, una herramienta muy útil para explorar temas (por ejemplo, una vez la usé para recopilar información sobre el juego Fortnite antes de tomar una decisión).
Por último, antes de las conclusiones, quería compartir un custom GPT (Mentor parental experto en IA) que creé en febrero de este año, con la idea de ofrecer una herramienta a familias que no hubiesen probado ChatGPT para lidiar con algunas de las situaciones que comentaba más arriba.
Concretamente, está pensado para guiar a madres y padres en la resolución de problemas, analizando las causas raíz y explorando posibles soluciones.
💬 Aviso: no está pensado para pedirle tareas concretas, sino para mantener un diálogo.
⚠️ Recuerda: para temas graves y serios acudir siempre a profesionales.
Como adultos, nuestra responsabilidad es protegerles y valorar el equilibrio entre beneficio y riesgo, especialmente con menores de 14 años (aunque mi mujer piensa que en la adolescencia hay que supervisarlos y acompañarlos aún más).
Los menores son más vulnerables digitalmente. Debemos actuar con cautela extra, sobre todo al usar tecnologías como la IA.
Con herramientas como ChatGPT, es fácil compartir detalles personales, emocionales o íntimos sin considerar las implicaciones a futuro.
Aunque compartamos en cuentas privadas, el riesgo nunca es cero. Lo digital es duradero, y lo que hoy parece inofensivo podría ser problemático en el futuro.
Aunque las plataformas sean presuntamente seguras, ningún sistema es infalible. Nuestra propia cuenta puede ser hackeada, y no olvidemos que el eslabón más débil somos nosotros.
Debemos evitar exponerles a un perjuicio real (o potencial) innecesariamente:
No deberíamos compartir nombre completo, fotos, voz, ni ningún otro dato identificativo.
Debemos evitar describir escenas que puedan resultar humillantes, íntimas o sensibles.
Tenemos que pensar a largo plazo: ¿Y si esto saliese a la luz cuando sean mayores?
Tenemos que educar a nuestros hijos sobre la importancia de la privacidad y sobre cómo gestionar su información. E involucrarlos cuando tengan edad suficiente.
Si están preparados, deberíamos pedir su opinión: preguntarles si les parece bien que compartamos cierta información sobre ellos, incluso si es para pedir consejo a una IA.
Solo deberíamos compartir si el propósito es proteger, educar o atender una necesidad real.
Y todo esto, recordando que el interés superior del menor debe ser siempre la prioridad.
Así que, si estás pensando en usar cualquier herramienta para la crianza, mi consejo es que actúes siempre con cautela.
Los tiempos no son los que eran, para bien o para mal. Vivimos una época en la que las cosas cambian a velocidad de vértigo, y aunque existen riesgos, también hay muchas oportunidades.
Actualmente contamos con más recursos e información para educar mejor que nunca antes: libros, vídeos, juegos, estudios, herramientas de IA como ChatGPT y muchas más.
Así que, aprovechemos lo que tenemos a nuestro alcance. Evitemos quedarnos obsoletos, y seamos la mejor versión de nosotros mismos.
Y aunque nos apoyemos en estos recursos, tomemos las decisiones sobre la crianza en familia.
Como decía, es cierto que desde que nacen, nuestros hijos se convierten en lo más importante de nuestras vidas.
Pero recuerda: al igual que cuando te explican las normas de seguridad en un avión te dicen que primero te pongas tú la mascarilla de oxígeno y luego ayudes a tus hijos; en la vida también necesitamos cuidarnos primero a nosotros mismos, para después poder ayudarles a ellos.
Si no estamos bien, física y psicológicamente, difícilmente podremos ser buenos padres.
Y con esto quiero decir que:
No debemos confundir que los hijos sean lo más importante con que siempre tengan que ser la prioridad para todo.
Si te has equivocado, si has tropezado, levántate y sigue adelante. No te castigues con el sentimiento de culpa: todos nos equivocamos.
Y explícaselo, que ellos también deben entender que todos necesitamos querernos y cuidarnos, y que de no hacerlo, afectará negativamente a quienes nos rodean.
A pesar de todo, nos seguiremos equivocando. Como me dijo una persona cercana hace pocos meses: "Raúl, no importa lo que hagas, que cuando sean mayores habrá algo que te echen en cara".
Y la verdad es que no lo dudo, porque reconozco que yo también lo hice con mis padres 😓.
Dicho esto:
No voy a preocuparme demasiado por el futuro.
Me centraré en disfrutar el presente, que es lo único que existe 🧘.
Lo haré lo mejor que pueda (con mis errores y limitaciones).
Intentaré, dentro de mis posibilidades, mejorar poco a poco.
Mis canales personales, publicando artículos, vídeos, y otros recursos sobre la crianza (porque me ayudan a indagar, aprender cosas nuevas, reflexionar, y sobre todo, a tomar mejores decisiones).
Y además, me gustaría terminar este año un "plan" que estoy creando con apoyo de la IA, que espero que nos pueda servir en casa para:
Entender y recordarnos en qué cosas (habilidades y conocimientos) enfocarnos en cada etapa de la crianza, según su nivel de madurez.
Definir acciones concretas que podamos hacer para ponerlo en la práctica.
Reflexionar sobre cómo infundir valores y actitudes durante todo el proceso.
Si te ha resonado algo de lo que cuento aquí, me encantaría leerte. ¿Te has planteado usar la IA para temas de crianza, o la estás usando ya? ¿Qué dudas te han surgido o lecciones has aprendido? Puedes escribirme tu experiencia en los comentarios (o en las redes sociales).
⚠️ Aviso: este anexo contiene un pequeño spoiler de la miniserie Adolescencia.
La semana pasada terminé de ver esta miniserie basada en hechos reales. Cuenta la historia de un niño que comete un crimen y el sentimiento de culpa que sienten los padres.
La serie pone sobre la mesa algunos de los grandes retos de ser madre o padre hoy en día, con especial atención al papel que juegan las nuevas tecnologías.
Eddie Miller, interpretado por Stephen Graham (padre del niño en la serie), llorando destrozado.
Confieso que no pude evitar que se me saltaran las lágrimas cuando el padre dice: "Perdóname, hijo. Debí haberlo hecho mejor". Me resulta imposible no empatizar con el sentimiento de culpa de ese padre, destrozado, como lo estaríamos cualquiera de nosotros en su situación.
Aunque he de aclarar que la serie no trata sobre inteligencia artificial, sino sobre el bullying en los tiempos modernos, donde las redes sociales tienen un peso enorme.
Me atrevería a decir que la mayoría de los padres de hoy no estamos preparados para afrontar esto. Aunque el bullying ya existía en nuestra época, hoy es muy distinto. Ahora, desde edades muy tempranas, los niños tienen acceso a cámaras con las que pueden grabar, compartir y difundir lo que ocurre, haciendo que las humillaciones no solo se vivan una vez, sino que se revivan una y otra vez.
Y por si fuera poco, las agresiones no terminan al llegar a casa: las redes sociales permiten que continúen incluso cuando uno creería estar a salvo.
Si te interesa estar al día sobre este tema, te recomiendo seguir a Pablo Duchement, un experto en la materia.
El sharenting es algo que se ha vuelto bastante habitual en buena parte de la sociedad. Aunque normalmente se hace con buena intención, es fácil que muchos padres no seamos conscientes de lo que esto implica y al ritmo al que la tecnología avanza, es imposible predecir todos los riegos. Pero la culpa no es solo nuestra, tampoco nos han formado sobre ello.
Una imagen vale más que mil palabras, así que os voy a dejar un vídeo sobre este tema, que aviso, pone los pelos de punta:
⚠️ Aviso: aviso, no recomendable si eres muy sensible
Y es que es importante recordarnos que los padres tenemos la obligación de velar por la imagen y la intimidad de nuestros hijos. Especialmente cuando no tienen las herramientas cognitivas para entender las consecuencias del uso de sus datos, ni cómo protegerse ante amenazas complejas.
En este sentido, María y yo siempre hemos intentado ser muy cuidadosos con respecto a la información personal que se comparte (y compartimos) sobre nuestros hijos en internet (redes sociales, etc.), y hemos decidido rechazar por norma el consentimiento a terceros para compartir su imagen en redes.
Es nuestra responsabilidad proteger el derecho a la propia imagen y la intimidad del menor.
Dependiendo de la edad, esto se traduce en:
En casos de menores de 14 años:
Debemos proteger sus datos personales, evitar que se use su información sin nuestro permiso y ser cautelosos al compartir.
Dar o negar consentimiento en su nombre (aunque personalmente considero recomendable hablar del tema con ellos y contar con su opinión).
Asegurarnos de compartir en sitios donde sea posible pedir que se borren sus datos.
Evitar que se les analice para influirles.
Para mayores de 14 años:
Ayudarles a entender las implicaciones de lo que comparten y con quién.
Recordarles que pueden borrar datos o pedir que no se usen.
Enseñarles a detectar cuándo se abusa de su atención (o de sus datos).
Respetar su espacio e intimidad.
En cualquier caso, está prohibido publicar contenidos que expongan, ridiculicen, avergüencen o pongan en riesgo al menor, por el riesgo que esto supone de poder sufrir acoso, ansiedad, u otros efectos negativos en el futuro.
Hace pocas semanas le comentaba a mi hijo mayor que a los papás no se nos enseña a ser padres, que no hay "un curso que haya que aprobar para serlo".
Aunque, pensándolo bien... si para conducir un coche hay que sacarse un carnet, quizá deberíamos plantearnos si para tener hijos también debería exigirse algo parecido, porque no cabe duda de que la responsabilidad es aún mayor 😅.
Si no lo habéis visto y queréis echar una risas, os dejo el trailer de Idiocracia, una sátira que exagera (¿o no tanto?) un futuro donde la inteligencia ha sido reemplazada por la estupidez colectiva 😂😂😂.
Durante gran parte de mi vida he evitado opinar en público sobre temas polémicos. No porque no tenga opiniones (que las tengo, a veces contradictorias, políticamente incorrectas o en evolución), sino por miedo a ser malinterpretado, prejuzgado, a caer mal, a decepcionar o dejar de “gustar”.
Siempre he sentido incomodidad con el conflicto, ni discutir por quién tiene razón. Creo que he intentado llevarme bien con todo el mundo, y tiendo a evitar los enfrentamientos.
Quizás por eso muchas veces me he callado en momentos en los que compartir mis ideas podría haber sido enriquecedor (aunque incómodo).
Reflexionando sobre esto, me vino a la mente una frase que me dijo mi padre cuando era niño:
“Raúl, hay que tener amigos hasta en el infierno 👹🔥”.
Algo que creo que es un buen consejo, pero que tal vez me lo tomé demasiado en serio. O simplemente malinterpreté su significado 🤷.
Hace poco tuve una conversación con Francesc Puigvert que me hizo darme cuenta del hecho de que nunca he experimentado esa "rivalidad sana" que muchos viven con el fútbol (ya que yo no soy futbolero 😅). No estoy acostumbrado a posicionarme en un bando. No me va la confrontación.
Pensando en todo esto, llegué a la conclusión de que silenciar mis opiniones no solo es una falta de respeto hacia mis propias ideas (que son tan válidas y merecen tanto respeto como las de cualquier otra persona), sino que también tiene un punto de cobardía. Y, sobre todo, no es el ejemplo que quiero darles a mis hijos.
Esta vez voy a ser más valiente y voy a expresar una de mis opiniones polémicas (desde el respeto):
Yo creo y defiendo la igualdad entre hombres y mujeres, y que el feminismo ha sido y sigue siendo necesario. Pero también pienso que una parte del feminismo actual se ha desviado de su objetivo de igualdad.
Esto me cuesta decirlo en público porque creo que es de esas opiniones "políticamente incorrectas" que desgraciadamente se malinterpretará por algunas personas como machismo.
Y cuando he compartido esto con personas cercanas, la respuesta suele ser la misma:
“Raúl, no eres una cerveza 🍺. No puedes gustarle a todo el mundo.” 😂
Soy como soy, por mis vivencias, como todos. Pero he aprendido que es importante que exprese mis ideas y opiniones (con respeto).
Por suerte no me considero una persona con dogmas fijos. Lo que pienso hoy podría matizarlo mañana. Me gusta escuchar buenos argumentos. Me gusta aprender de quien ve las cosas de manera distinta. Y cuando comparto una opinión, no lo hago porque crea que tenga la verdad absoluta, sino porque me gusta que me conozcan mejor, y para poder entendernos mejor.
Escribo esto también porque quiero educar a mis hijos mediante el ejemplo, y que aprendan lo mismo que les digo con palabras:
Tienen que ser asertivos, y no tener miedo a expresar lo que piensan, sienten o necesitan, de manera directa y respetuosa, sin atacar, ni permitir que les falten al respeto.
Tienen que escuchar, respetar y tolerar a las personas que piensan distinto, aunque no estén de acuerdo.
Cambiar de opinión no es un signo de debilidad, sino de madurez e inteligencia.
Se puede tener una gran amistad con una persona que ve el mundo desde otra perspectiva.
Y esto último lo digo porque lo vivo (y seguro que tú también 😉).
Muchas de las personas más cercanas a mi tienen ideas y opiniones opuestas a las mías (sobre política, religión, etc), pero eso no nos impide querernos.
Y es que, un amigo/a es alguien que te conoce de verdad, te quiere como eres (con tus cosas buenas y también con tus rarezas), y aunque no siempre piense igual que tú, te respeta, se preocupa por ti, y está ahí cuando se le necesita.
Por todo esto, me he propuesto abrirme más en público. Para que la gente pueda conocerme mejor. Y si hay suerte, esto me ayudará a construir más y mejores relaciones de amistad.
Y sí, algunas de mis ideas pueden sonar raras, ingenuas, políticamente incorrectas o incómodas. Pero lo único que quiero es poder hablar de ellas (desde el respeto), para que se me conozca mejor y no porque quiera convencer a nadie.
Nota mental 🧠: y si alguien no es capaz de tenerme aprecio porque pensemos distinto... supongo que no merece la pena que perdamos el tiempo, ¿no? 🤷.
Si queremos una sociedad mejor, necesitamos mostrarnos como somos, escuchar más, juzgar menos, y tolerar más. Si solo nos rodeamos de quienes piensan como nosotros, vamos hacia una sociedad más polarizada y enfrentada. Y eso no le conviene a nadie.
Sigo reflexionando sobre mis ideas y opiniones, y espero escribir pronto para compartirlas aquí.
Y si alguna vez digo o hago algo que no compartes o no entiendes, te invito a que me lo digas desde el cariño. De verdad. Y lo hablamos con una cerveza si hace falta... o con un refresco, que ya me ha quedado claro que la 🍺 no le gusta a todo el mundo 😜.
Y tú, ¿hay alguna opinión que te hayas callado por miedo a no encajar? ¿Cómo lo llevas? Espero no ser el único 😅.