Si tienes hijos preadolescentes, seguro que ya te has preguntado cuándo hablar con ellos de ciertos temas delicados. En cada casa esos temas pueden ser distintos: los Reyes Magos, Papá Noel, el Ratoncito Pérez, cómo se hacen los hijos...

¿Cuándo es el momento adecuado para hablar de estos temas? ¿Hasta cuándo tiene sentido mantener una mentirijilla piadosa para conservar la ilusión? ¿Y cuántos detalles conviene dar?
Y es que la respuesta no es trivial. En casa, de hecho, muchas veces también nos cuesta ponernos de acuerdo entre mi mujer y yo 😅.
Así que quería escribir este artículo, no para dar consejos a nadie, sino para compartir nuestra experiencia y una reflexión: no hablar de ciertas cosas a tiempo también podría suponer un riesgo, ¿no crees?
Nota: Por supuesto, el artículo también ha sido revisado por mi editora favorita, mi mujer 😜.
Nuestros hijos no viven en una burbuja
Creo que muchas veces nos cuesta hablar de ciertos temas porque, en cierto modo, significa reconocer que nuestros hijos se hacen mayores... ¡y es que, leche, qué rápido crecen! 😭
Pero una cosa es lo que a nosotros nos gustaría, y otra cosa es la realidad.
Por más que queramos, nuestros hijos no viven en una burbuja, al final:
- pasan mucho tiempo con sus amigos
- con otros niños mayores (en el cole, actividades extraescolares, hermanos, primos, etc.)
- encuentran cosas en Internet (o alguno de los otros niños lo hace)
- etc
Por eso es inevitable que antes o después escuchen o vean cosas. A veces les llegan sin buscarlas. Otras veces preguntan a otros o buscan respuestas por sí mismos.
Por otro lado, también es normal que terminen repitiendo cosas, muchas veces por imitación, y a veces sin entender realmente lo que significan.
En definitiva, muchas veces no sabemos exactamente qué saben o qué han entendido, y esto... nos puede llevar a malinterpretar cosas 😕.
En cualquier caso, hay una verdad como un templo que me dijo el tutor de mi hijo en una tutoría:
Independientemente de lo que hagamos o digamos los padres, cuando un niño "sabe algo", es cuestión de poco tiempo que el resto también "lo sepa".
Porque en cuanto vuelva a surgir ese tema, y un niño vea que otro niño sabe menos, puede sentir la tentación de sacar pecho y "dar una lección", no solo para demostrar que sabe más, sino que 'es más mayor'."

Y nos guste o no, asumámoslo... es inevitable, ¿o es que no nos ha pasado también a nosotros? 😅
Riesgos de no hablar a tiempo
Nuestra preocupación, como imagino que les pasa a muchos padres, es que aplazar estas conversaciones, decir "verdades a medias" o dar respuestas incompletas porque creemos que aún son pequeños, también tiene riesgos.
Por ejemplo:
- que sientan que no pueden hablar de ciertos temas con nosotros, y que poco a poco pierdan la confianza y terminen buscando respuestas en otros sitios
- que reciban o interpreten información de manera errónea y se hagan ideas equivocadas

Hablar con otras familias
Pero hay algo que creo que cuesta todavía más: hablar con otros padres y madres de estos temas, porque a veces parecen "tabú".
No sé si os pasará también, pero a nosotros nos cuesta sacar este tema con el resto. A veces por:
- miedo a incomodar
- miedo a generar un conflicto
- miedo a que, por el simple hecho de mencionarlo, alguien piense que ha pasado algo
Y no se trata de que todas las familias tengamos que pensar igual ni contar las cosas de la misma manera. Cada casa tiene sus tiempos, sus valores y su forma de explicarlo.
Pero sí creemos que ayuda poder hablar de estos temas con más naturalidad entre padres y madres, compartiendo qué conversaciones van apareciendo en nuestras casas y cómo las vamos abordando.

No para ponernos todos de acuerdo ni para imponer un criterio, sino para tener un poco más de contexto.
Si nuestros hijos escuchan algo de otros niños, podemos explicarles por qué en nuestra familia hemos tratado el tema de otra manera, sin que sientan que les hemos ocultado la verdad o que les tratamos de forma más infantil que sus padres a sus amigos.
Y si somos nosotros quienes hablamos de algo en casa, quizá también ayude a otras familias saber que esa conversación puede aparecer.
Es mejor que les llegue por nosotros, con calma y contexto, que por una versión incompleta contada entre niños. Porque ahí es fácil que aparezca el efecto teléfono roto: un niño cuenta algo a medias, otro lo interpreta como puede, llega a casa una versión confusa, y los padres acabamos preocupándonos o malinterpretando lo que ha pasado.
Hablarlo entre adultos debería servir para allanar el terreno y estar un poco más preparados si la conversación aparece.
Y muchas veces nos preguntamos: ¿habrá más padres en esta misma situación, queriendo hablarlo pero sin atreverse a dar el primer paso?
Cómo lo afrontamos nosotros
No digo que sea la forma correcta, pero sí la mejor manera que se nos ha ocurrido en casa.
Todos estamos aprendiendo
Desde pequeños les repetimos que:
- A los mayores no nos enseñan a ser padres. Y que, aunque lo hacemos lo mejor que sabemos y podemos, también cometemos errores.
- Y que ellos son lo más importante de nuestras vidas, y casi todo lo que hacemos lo hacemos pensando en ayudarles a crecer como buenas personas y a ser más felices.
Un ejemplo es los libros que les leemos, con el objetivo de darles herramientas para entenderse mejor y entender mejor el mundo. Algunos son libros más emocionales, como 'De mayor quiero ser feliz' o 'El emocionario'; otras veces, libros sobre el cuerpo, como "Tu cuerpo es tuyo", de educación financiera, u otros temas. También procuramos que entiendan que detrás de esos libros hay "lecciones de vida" importantes.
Del mismo modo, cuando nosotros leemos libros sobre crianza, como 'El cerebro del niño' o 'Disciplina sin lágrimas', también se lo contamos. Queremos que vean que nosotros seguimos aprendiendo a ser padres y que, si alguna vez creen que nos equivocamos, nos lo digan, porque es muy posible que tengan razón.

No depende de uno solo
Yo, por ejemplo, he tenido que explicarle a mi hijo mayor alguna vez que, aunque yo quizá le hubiese contado algunas cosas antes, no siempre es tan sencillo.
Quiero que entienda que también tengo que ponerme de acuerdo con su madre y, aun haciéndolo, puede haber otras personas de la familia, como los abuelos, que no compartan nuestra opinión, y tratamos de buscar un equilibrio.
Mentiras piadosas
En casa, desde pequeños, hemos explicado el concepto de 'mentirijilla piadosa', como esas mentiras inofensivas o bienintencionadas que a veces se dicen pensando en el bien del otro, por ejemplo para hacerles sentir bien, "protegerles" o no herir sus sentimientos.
Y al mayor ya le hemos explicado alguna.
Temas más complicados
Para temas más complicados, que deben introducirse poco a poco, como "cómo se hacen los niños", hacemos dos cosas.
1) Intentar que tome conciencia de cómo cambian sus gustos
Por ejemplo, a veces aprovechamos comentarios que le hace a su hermano pequeño, como cuando dice que un juego que le propone su hermano "es para niños chicos", para recordarle que, aunque ahora le gusten otros juegos, hace no tanto a él también le gustaban ese tipo de juegos.
Del mismo modo, hubo una época en la que le incomodaba ver en la TV a dos adultos besándose en la boca. Aprovechamos ese momento para explicarle que era normal, que a veces hay cosas que a ciertas edades nos incomodan y que luego eso puede cambiar.

2) Intentar que tome conciencia de cómo cambia su nivel de madurez
Le hacemos ver que hay cosas que solo se entienden cuando se es más mayor y, para ello, intentamos buscar ejemplos de situaciones que ya haya vivido.
Por ejemplo, le hicimos ver el impacto que podía tener en el comportamiento, el vocabulario, etc., que su hermano pequeño viese contenidos o jugase a juegos que le gustaban a él, pero que no eran adecuados para la edad de su hermano.
Y también le hicimos ver que, aunque intentemos explicarle a su hermano pequeño por qué no debe ver o jugar a eso, todavía no es capaz de entender por qué no es bueno para él.

Y esa misma regla se aplica para los dos, en cuanto a contenidos, juegos, etc que en casa no consideramos adecuados para ciertas edades: no porque sean malos de por sí, sino porque aún no han alcanzado el nivel de madurez necesario para entenderlos bien.
Lo más importante para nosotros
Por encima de todo, lo que siempre intentamos transmitirles es que confíen en que hacemos lo que creemos que es mejor para ellos, y que queremos que se sientan con la confianza de hablar con nosotros de cualquier tema. Incluso si notan que lo estamos evitando, preferimos que insistan y nos pregunten por qué.
Intentamos que sientan que en casa hay un espacio seguro para hablar, sincerarse y hacer preguntas, y que cuando lo hacen se lo reconocemos y lo valoramos.
¿Hablamos?
Aunque esperamos que todo esto ayude a mantener la confianza con nuestros hijos, seguimos sintiendo que nos falta una pieza importante del puzle: poder hablar de estas cosas con otros padres y madres.
¿Hablamos?
